Después de muchos años, digo adiós a Navaja Negra.

Muchos años, muchas alegrías, muchos amigos y muy buenos recuerdos. También muchísimo trabajo, estrés y quebraderos de cabeza. Ha compensado siempre, sin duda. Pero nos hacemos mayores.

El tiempo no pasa en balde y a cada uno nos trata a su manera. Cada uno evolucionamos de forma distinta, y con los años los fundadores hemos ido viendo las cosas desde puntos de vista diferentes. A veces con discrepancias que no se podían salvar.

Que quede claro: nos vamos nosotros, de forma completamente voluntaria. Y lo más importante: Navaja Negra sigue. Sigue con sangre nueva, con fuerzas renovadas y con la misma esencia e ilusión de siempre. Que es lo que cuenta.

Hemos tenido la enorme suerte de que el resto de compañeros de Navaja (ahora amigos), sin los que jamás habríamos podido sacarla adelante, hayan cogido el testigo. Gente profesional, de confianza y, sobre todo, buena gente.

Os mentiría si dijera que no siento pena ni añoranza, y seguro que la echaré de menos. Pero, como decía más arriba, es el momento de echarse a un lado y dejar la CON en buenas manos.

Mis amigos más cercanos me han preguntado si salimos de escena pero seguimos en la sombra. La respuesta es rotunda: en absoluto. Es momento de ver las cosas desde la barrera. Por supuesto, nunca le negaré un favor a un amigo, ni un consejo, ni cualquier ayuda que esté en mi mano. Pero siempre desde fuera.

Tras tantos años, solo me queda decir una cosa: muchas gracias a todos los que habéis hecho posible esta locura. Algo que jamás pudimos ni soñar que llegaría tan lejos.

Gracias a todos: ponentes, asistentes, patrocinadores, mis compañeros y toda esa gente anónima que siempre estuvo ahí.

Y no me gustaría despedirme sin contar, una vez más, el chiste de la lechuga.

“¿Qué es verde y transparente…?”

¡Nos vemos en los bares!